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Precios cocinados, dice la Justicia (1ª parte)
07/04/2014
Precios cocinados, dice la Justicia (1ª parte)

En éste y en un siguiente artículo expondré, de manera sencilla, cómo diversas instancias patrias muy serias y solventes vienen poniendo de manifiesto desde hace tiempo que en nuestro mercado eléctrico mandan unos pocos. Procuraré utilizar términos sencillos (asumiendo el riesgo de imprecisión) y evitaré citas farragosas. Espero, con ello, ir por derecho al grano, no aburrir y permitir que cualquier ciudadano-consumidor pueda sacar sus conclusiones.


Vayamos, pues, entrando en materia y digamos que esos pocos a los que acabo de citar, además de mandar, actúan exclusivamente en su propio interés (lo que, por otra parte, es lógico pues son empresas privadas) y que los consumidores pueden olvidar toda esperanza de salvarse de lo que vienen padeciendo y van a seguir padeciendo, a no ser que se interesen por saber, por organizarse y por actuar.


Vean ustedes lo que nuestra Audiencia Nacional expresó en una sentencia de finales del año 2.012 cuando entendió que es razonable que Iberdrola, Endesa, Gas Natural, Hidroeléctrica del Cantábrico y EON asuman adelantar el pago del déficit de tarifa, es decir, de la diferencia entre el precio cierto de algunas partidas de nuestra factura eléctrica y lo que el Gobierno dice que debemos pagar por ellas (pago adelantado que luego, poco a poco, van recuperando a través de lo que los consumidores pagamos, pues somos nosotros los que, en definitiva, nos echamos a la espalda tal déficit). 


En el año 2.000 (y hasta el 2.006), el Estado concedió a dichas empresas grandes ayudas económicas. ¿Por qué a ellas?: porque eran (ellas o sus antecesoras) las que hasta entonces estaban asentadas en España y habían realizado todas las inversiones en nuestro país. ¿A qué se les ayudaba?: a paliar los efectos de la nueva y beatífica situación eléctrica que se preveía en la que, con muchas empresas compitiendo entre sí, los precios de la electricidad bajarían y, en tal caso, esas concretas empresas no podrían seguir amortizando sus inversiones. Sin embargo, con el paso del tiempo se observaron dos circunstancias: 


la primera, que estas empresas, lejos de ingresar menos, ingresaban más precisamente porque, manejando ellas en gran medida el mercado, los precios de la energía se incrementaron y, 


la segunda, que seguían cobrando tales ayudas económicas.


Es decir, se vió que no necesitaban ayudas pero que, aún así, las cobraban, y que si no las necesitaban era porque se encargaban de subir precios al controlar el mercado.


Los lectores pensarán: bueno, al final se harían las cuentas y esas empresas devolverían esas ayudas que no les habían hecho falta; pues no, jamás ocurrió tal cosa. En fin, seguirá pensando el lector bienintencionado, al menos el mercado se corregiría y no estaría en manos de unos pocos; pues tampoco.


Ante esta situación, el Gobierno (mejor no pregunten la razón) prefirió concluir así: habéis cobrado ayudas sin necesitarlas y no hemos hecho cuentas sobre cuánto debéis devolver; además, manejáis el mercado como os place subiendo precios y, por tanto, incrementando vuestras ganancias; de acuerdo, pero si queréis que todo siga igual, vais a tener que darnos algo a cambio; veréis. 


.como queremos que lo que los consumidores paguen cada mes no se dispare (y así evitar que se echen a la calle protestando), si con la parte de la factura que el Gobierno establece no se alcanza a pagar lo que corresponde (déficit) pues no pasa nada, ya se irá pagando poco a poco.


Y todo este relato es el que nuestra Audiencia Nacional (con el apoyo de la propia Abogacía del Estado, ni más ni menos) hace de la situación; situación que en el año 2.012 (fecha de su sentencia) entiende que se mantiene.


Finalizo por ahora este retrato de nuestro pavoroso presente eléctrico recordando lo que al principio señalé: en nuestro mercado eléctrico mandan unos pocos que, además, actúan, exclusivamente, en su propio interés, debiendo los consumidores olvidar toda esperanza (a no ser que se interesen por saber, por organizarse y por actuar).    


En mi siguiente artículo comentaré cómo remató la faena nuestro Tribunal Supremo.


Un electrizante saludo.



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