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El paralizante consenso energético
08/05/2014
El paralizante consenso energético Ni es lugar ni momento para repasar el concepto patrio de consenso habida cuenta que su numerosísima e, incluso, apabullante utilización exigiría un ímprobo esfuerzo ya simplemente para su mera ordenación, imagínense para su tratamiento y estudio.


Pero sí creo que es interesante llamar la atención sobre las nefastas consecuencias que el consenso puede tener invocado para lo atinente al sector eléctrico y, en general, al sector energético, si es que no las ha tenido ya en el pasado y las tiene hoy.


Antes de entrar en tal materia, permítanme que les muestre algunas llamadas al consenso eléctrico-energético desde los más variopintos foros:


Yolanda Barcina pide al ministro Soria diálogo y consenso en la regulación del sector eléctrico y energías renovables.


UGT insta al Gobierno a buscar el consenso para fijar una tarifa eléctrica que no perjudique a los ciudadanos y ayude a la recuperación económica.


A la Tercera irá la Vencida en el Sector Eléctrico.


Soria avisa de que acabará con el déficit tarifario eléctrico aunque sea sin consenso.


¿Y qué tiene de negativo el consenso?


Verán, hace ya diez años, en Alemania, un jurista a la par que periodista, Thomas Darnstädt, publicó una obra titulada "La trampa del consenso". Aunque es cierto que no estudiaba el consenso en el ámbito energético y sí en el político institucional, conviene, creo, que recapacitemos sobre lo que acerca del consenso se piensa ya hace muchos años en esos que, cuando conviene, llamamos "países de nuestro entorno".


Advertía ya en el año 2.004 el profesor Darnstädt que "Alemania ha perdido su capacidad de reforma. parece, hoy por hoy, casi ingobernable" o que ". ya sólo es posible la toma de decisiones por consenso. La vía democrática, en la que las decisiones son tomadas por mayoría de representantes electos, está bloqueada. El  país en la trampa del consenso". 


Mas no es solamente que dicho autor nos ofrezca su criterio al respecto, es que también nos señala que los propios jueces del Tribunal Constitucional Federal alemán consideran el consenso, ni más ni menos, como una irresponsabilidad costosamente organizada. O que otros juristas alemanes mantienen que el que los cargos electos invoquen continuamente el consenso no es sino su reconocimiento de su incapacidad para lograr algo con sus mayorías. Un catedrático de Derecho público de Hamburgo, Hans-Joachim Koch, expresa que "no es viable que todos opinen cuando de lo que se trata es de quitarle algo a alguien".


Y acabo la cita de la obra mencionada diciendo que en la misma se nos evidencia que ya en el año 2.003 el presidente del Tribunal Constitucional Federal, Hans-Jürgen Papier, publicó "decididos" llamamientos al Gobierno para que hiciera el favor de acabar con estos "jueguecitos del consenso" y volviera a la política, pues la democracia se nutre de votaciones y de decisiones. Según el citado Papier, se estaba acelerando "el proceso de desmoronamiento jurídico-constitucional y político-constitucional"; "las formas consensuadas de ejecutar la política evitan a menudo decisiones necesarias de unas dimensiones más amplias y, sobre todo, que sean garantía de futuro".
 
Si hoy, en España, sabemos que hace más de diez años en un país como Alemania (cuyo modelo político-constitucional es el nuestro en muchos aspectos, incluso en más de los que se consideran normalmente) se han dado cuenta de la "trampa" que supone el consenso, ¿podemos seguir invocándolo en cuestiones de tanta trascendencia como la energética?


Considero que ya es hora de que en España el sector energético tenga una completa regulación; que, además, ésta se lleve a cabo por quien debe hacerlo; y que también se acometa con intención de perdurabilidad en el tiempo. Así llegará al sector la trascendental seguridad jurídica. 


Tal obra (que ingente se me antoja a la vista de tantos intereses en juego) no puede partir de la intención de agradar a todos sino del puro hecho de afrontar la realidad para avanzar según nos señala, en tantas trascendentales cuestiones como las relativas a mercados y consumidores, la Unión Europea pues ésta es (nos guste o no) la garantía de permanencia. 


Todo ello, evidentemente, sin perjuicio de que, en las cuestiones en que quepa margen de maniobra, señoree la ideología de quien gobierna y tiene hegemonía legislativa, que para eso la mayoría del electorado le ha dado su confianza.


Mas todo lo dicho nada tiene que ver con nuestro paralizante consenso.


Un electrizante saludo.



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